Andando de viaje, el tigre se encontró con un cangrejo que jugaba a
lanzar sus ojos al mar y hacerlos regresar.
-
¿Qué haces, hermano? – preguntó el tigre.
-
Aquí – contestó el cangrejo, jugando con mis
ojos.
-
¿Y cómo es ese juego? – volvió a preguntar el
tigre Hazlo, yo quiero ver.
-
No mi hermano. Ahora no puede ser, porque un
pez muy grande anda allí a la caza
-
Caramba, hermano – respondió el tigre – hazlo
por última vez para que yo vea.
Tanto y tanto insistió el tigre, que el cangrejo al fin lo
complació. Se sacó los ojos y los lanzó
al mar cantando: "Ojos, mis ojos, hasta el medio del mar, vuelan ya. Sen,
sen, sen."
Y enseguida dijo: "Ojos, mis ojos, desde la boca del mar, vuelvan
ya. Sen, sen, sen." Y los ojos regresaron.
-
¡Ahora yo ! - gritó el tigre entusiasmado –
Sácame los ojos y lánzalos, igualito que lanzaste los tuyos.
-
No mi hermano - dijo el cangrejo - ahora no
puede ser, porque un pez muy grande anda por allí a la caza. El tigre insistió
tanto y tanto que el cangrejo para que lo dejara en paz cantó: "Ojos de mi
hermano, hasta el medio de mar, vuelen ya, Sen, sen sen.." Y los ojos del
tigre se fueron. Cuando el
tigre se sintió sin ojos, se asustó mucho.
Empezó a dar brincos y a rugir.
- Mira cangrejo,
devuélveme los ojos que me voy a poner bravo.
Pero el cangrejo no le hizo caso.
Entonces, el tigre rabiosísimo decidió llamar él mismo a sus ojos. Pero nada, los ojos no le obedecieron. El
tigre se asustó más aun y volvió a rugir.
Entonces, el cangrejo dijo:
- Lo que pasa
hermano, es que tú eres muy gritón.- Y cantó con voz suave:
"Ojos de mi hermano, desde la boca del mar, vuelvan ya. Sen, sen,
sen...”
Ya está aquí tus ojos. Ya están bien, mi hermano – dijo el cangrejo –
porque un pez muy grande se los puede tragar. Pero al tigre le gustó mucho lo
que vieron sus ojos en el agua. Y volvió
a insistir, para que el cangrejo le mandara sus ojos por última vez al
mar. Por fin, cansado de oír los ruegos
del tigre, el cangrejo cantó y los ojos del tigre se fueron. Pero esta vez ... ¡tam! ... un gran pez se
los tragó. Y cuando el cangrejo llamó al
regreso a los ojos del tigre, los ojos no regresaron, El tigre con su voz más
dulce, también cantó la canción. Pero
los ojos no regresaron. Entonces, el
tigre rugió y brincó dando manotazos para agarrar al cangrejo. Y el cangrejo, viendo que el tigre estaba tan
bravo, se desapareció en el mar.
Allí se quedó el tigre, solo, asustado y sin ver absolutamente
nada. No podía correr, no podía cazar,
no podía comer. Ya se iba a morir de
hambre, cuando apareció el rey Zamuro y le preguntó cómo se encontraba.
- No me encuentro nada bien - gimió
el tigre . Aquí estoy, ciego y hambriento, porque el cangrejo mandó mis ojos
lejos, hasta el medio de¡ mar y nunca más regresaron.
- Caramba hermano, de verdad que
estás bien mal..
- Ayúdame, rey Zamuro - suplicó el tigre - Y
después yo mataré dantas para ti.
- Está bien espérame..... Y el rey Zamuro se
fue. Buscó pasta del árbol curí y la
puso a derretir al fuego, revolviendo y revolviendo. Rápidamente le vació la pasta en los ojos. El tigre no sintió nada, pero cuando se
enderezó ¡Ay esa quemazón! Y empezó a saltar y rugir otra vez.
- ¿Y qué te pasa ahora ¿ - preguntó el rey
Zamuro fastidiado.
- Es que los ojos me arden - se quejó el tigre.
- Lo que tienes que hacer es abrirlos, hermano.
El tigre abrió los ojos y se le veían amarillos y brillantes.
- Bueno, pues ahora vete a matar danta para mi comida - ordenó el rey
Zamuro.
Y el tigre viendo todo claro, con sus ojos nuevos, se fue de caza y le
consiguió una danta al rey Zamuro.
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