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21 abr 2017

El Tigre y el Cangrejo (Tribu Pemón)

Andando de viaje, el tigre se encontró con un cangrejo que jugaba a lanzar sus ojos al mar y hacerlos regresar.
-          ¿Qué haces, hermano? – preguntó el tigre.
-          Aquí – contestó el cangrejo, jugando con mis ojos.
-          ¿Y cómo es ese juego? – volvió a preguntar el tigre Hazlo, yo quiero ver.
-          No mi hermano. Ahora no puede ser, porque un pez muy grande anda allí a la caza
-          Caramba, hermano – respondió el tigre – hazlo por última vez para que yo vea.
Tanto y tanto insistió el tigre, que el cangrejo al fin lo complació.  Se sacó los ojos y los lanzó al mar cantando: "Ojos, mis ojos, hasta el medio del mar, vuelan ya. Sen, sen, sen."
Y enseguida dijo: "Ojos, mis ojos, desde la boca del mar, vuelvan ya. Sen, sen, sen." Y los ojos regresaron.
-          ¡Ahora yo ! - gritó el tigre entusiasmado – Sácame los ojos y lánzalos, igualito que lanzaste los tuyos.
-          No mi hermano - dijo el cangrejo - ahora no puede ser, porque un pez muy grande anda por allí a la caza.  El tigre insistió tanto y tanto que el cangrejo para que lo dejara en paz cantó: "Ojos de mi hermano, hasta el medio de mar, vuelen ya, Sen, sen sen.." Y los ojos del tigre se fueron.                Cuando el tigre se sintió sin ojos, se asustó mucho.  Empezó a dar brincos y a rugir.
             - Mira cangrejo, devuélveme los ojos que me voy a poner bravo.
Pero el cangrejo no le hizo caso.  Entonces, el tigre rabiosísimo decidió llamar él mismo a sus ojos.  Pero nada, los ojos no le obedecieron. El tigre se asustó más aun y volvió a rugir.  Entonces, el cangrejo dijo:
             - Lo que pasa hermano, es que tú eres muy gritón.- Y cantó con voz suave:
"Ojos de mi hermano, desde la boca del mar, vuelvan ya. Sen, sen, sen...”
Ya está aquí tus ojos. Ya están bien, mi hermano – dijo el cangrejo – porque un pez muy grande se los puede tragar. Pero al tigre le gustó mucho lo que vieron sus ojos en el agua.  Y volvió a insistir, para que el cangrejo le mandara sus ojos por última vez al mar.  Por fin, cansado de oír los ruegos del tigre, el cangrejo cantó y los ojos del tigre se fueron.  Pero esta vez ... ¡tam! ... un gran pez se los tragó.  Y cuando el cangrejo llamó al regreso a los ojos del tigre, los ojos no regresaron, El tigre con su voz más dulce, también cantó la canción.  Pero los ojos no regresaron.  Entonces, el tigre rugió y brincó dando manotazos para agarrar al cangrejo.  Y el cangrejo, viendo que el tigre estaba tan bravo, se desapareció en el mar.
Allí se quedó el tigre, solo, asustado y sin ver absolutamente nada.  No podía correr, no podía cazar, no podía comer.  Ya se iba a morir de hambre, cuando apareció el rey Zamuro y le preguntó cómo se encontraba.
             - No me encuentro nada bien - gimió el tigre . Aquí estoy, ciego y hambriento, porque el cangrejo mandó mis ojos lejos, hasta el medio de¡ mar y nunca más regresaron.
             - Caramba hermano, de verdad que estás bien mal..
-       Ayúdame, rey Zamuro - suplicó el tigre - Y después yo mataré dantas para ti.
-       Está bien espérame..... Y el rey Zamuro se fue.  Buscó pasta del árbol curí y la puso a derretir al fuego, revolviendo y revolviendo.  Rápidamente le vació la pasta en los ojos.  El tigre no sintió nada, pero cuando se enderezó ¡Ay esa quemazón! Y empezó a saltar y rugir otra vez.
-       ¿Y qué te pasa ahora ¿ - preguntó el rey Zamuro fastidiado.
-       Es que los ojos me arden - se quejó el tigre.
-       Lo que tienes que hacer es abrirlos, hermano.
El tigre abrió los ojos y se le veían amarillos y brillantes.
-       Bueno, pues ahora vete a matar danta para mi comida - ordenó el rey Zamuro.

Y el tigre viendo todo claro, con sus ojos nuevos, se fue de caza y le consiguió una danta al rey Zamuro.

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